
Casita del Guardés
Aquí la piedra mandaba. Solo hubo que escucharla: dejar los muros respirar bajo la cal, tender el damero como un tablero antiguo y sacar el baño al patio, donde el agua y el naranjo se llevan bien desde siempre. Cada pieza —el tapiz, el escritorio, la bañera de cobre— llegó con su propia historia aprendida.










